sábado 11 de julio de 2009

AQUELLO FUE UN ERROR

Era un jueves al mediodía y, como siempre, me había acercado hasta el Café Savoy para leer los diarios y tomarme un vino antes de comer. Necesitaba esos instantes de relax después de pasar las mañanas escribiendo desde temprano y me gustaba disfrutarlos en un local donde el personal me atendía siempre con una sonrisa y donde las mesas apenas se encontraban concurridas a las horas que yo acudía. Como ya era un cliente habitual y estimado, solía acodarme en la privilegiada esquina de la barra donde descansaban las camareras entre pedido y pedido, ocasionando la confusión de que más de uno me tomara por el encargado. Así me encontraba aquel dichoso jueves en que vi entrar a Norma entrar por la puerta, empujando un cochecito de bebé y escoltada por quien era su marido. Aun cuando evidencié mis intenciones, fingiendo concentrarme en la lectura, no por ello logré que pasaran de largo sin detenerse a mi lado:

- Hola – me dijo con media sonrisa - ¿Cómo andás, Kalman? – preguntó

Hacía más de cinco años que no la veía, concretamente desde el día que me envió un fax donde me comunicaba el fin de nuestra relación y conminaba a recoger mis pertenencias y abandonar su departamento. Y ahora, aquella mujer que me tanto hizo sufrir y cuya piel tenía sobre mí tan sugerente sugestión carnal, se encontraba parada frente a mí, provocándome una automática vergüenza por nuestro pasado en común y una inevitable misericordia al comprobar los efectos que el tiempo había dejado sobre su rostro y su figura.

- Bien, bien.....
- Ajá... – contestó para ganar tiempo y buscar palabras con que conjurar la sombra de un incómodo silencio – eehhh, éste es mi marido, Marcos – añadió entonces, apartándose para que éste se acercara y me extendiera la mano
- Mucho gusto – mentimos al unísono
El tipo tenía pinta de hombre decente, de profesor universitario o algo por el estilo.
- Ah, y ésta criatura es Laurita – dijo girando el cochecito para que pudiera verla
- Muy linda – volví a mentir (la nena no tenía culpa de nada, pobrecita, pero la verdad es que ni me tomé la molestia de observarla….en su día, Norma y yo habíamos buscado sin éxito ser padres)
- ¿Sabés que tengo todos tus libros? – exclamó de sopetón con una alegría inapropiada
- Mirá vos ¡
Ante otra nueva amenaza de silencio, hice un gesto disimulado a Jimena (una de las camareras) para que acudiera al rescate.
- Disculpen, ¿se van a sentar? – intervino
- Ehh, sí ,sí, nos vamos a sentar – contestó Norma

Nos dimos un beso, un apretón de manos y pasaron a ocupar una de las mesas más lejanas de donde yo estaba. Al irme, la miré por última vez, adivinando en sus ojos la mirada de una mujer extraviada en la melancolía y falseando una sonrisa para disimular lo que verla me provocaba: una enorme piedad y ni el más mínimo deseo.

jueves 9 de julio de 2009

NOTAS / ABULIA (rep.)

NOTAS

Sentado a la mesa de un rincón del cochambroso café frecuentado por ociosos jubilados amantes del dominó, la copita y los cigarrillos prohibidos en casa, se entretenía observándolos y tomando notas para esa novela que no escribiría nunca. Lo que anotaba , poco o nada tenía que ver con esos viejos, que parecían no saber hablar más que de política, fútbol y sus problemas de próstata.Sin embargo, a pesar de ello, el ejercicio de mirarlos, por alguna razón superflua o por el contrario, muy profunda, actuaba como “efecto llamada” para ideas abruptas que, casi compulsivamente, parecían empeñarse en colonizar su pequeña libreta. Al cabo de algo más de una hora y con el botín de un montón de hojas escritas, abandonó el local, notando, por el rabillo del ojo, las miradas de los ancianos mientras sonreía ante una súbita verdad acaso incierta; si quería ser escritor, debía tratar a las palabras con menor reverencia.


ABULIA

Aguijoneado por el aburrimiento, pasaba las horas tumbado en el sofá, viendo los partidos del Roland Garros y atiborrándose de patatas fritas y latas de cerveza. Harto de tan poco estimulante día a día y con una creciente sensación de abatimiento y de sentimiento de culpa, se proponía un cambio radical en su existir. Por desgracia, entre sus intenciones y su realidad, se abría un hondo abismo ante el cual la voluntad flaqueaba. Así, mientras dilataba el hacer frente a sus demandas metafísicas, se contentaba con encarar otros sencillos dilemas: ¿bajar a la calle, a desayunar en un bar y dar un paseo, o poner, en el reproductor de dvd una película de fogosas tailandesas?.

martes 7 de julio de 2009

COSMOPOLITA / FAUNA DE OFICINA / POR FAVOR, NO ME LO DIGAS

COSMOPOLITA:

Era lo suficientemente inteligente para no preguntarme en qué pensaba pero, lo mínimamente curiosa para no dejar pasar por alto mi expresión pensativa.
- ¿ocurre algo, Kalman?
- Vos sos ashkenazí de ascendencia bielorrusa, alemana y holandesa. Yo, sefaradí de orígen español, portugués, italiano y turco. Y los dos acabamos de amarnos sobre una cama de madera de Indonesia en un barrio de Buenos Aires….me estaba preguntando si a las personas nos une el destino o la casualidad….
- Tal vez el destino resulte la más poderosa de las casualidades – apuntó Liliana
- Tal vez….

FAUNA DE OFICINA:

1.Manuel. 45 años, soltero, habitual lector de Marca y forofo del Atlético de Madrid. Se dedica con ahínco a la cría de canarios y todavía sería vírgen si no pagara. Últimamente le da por las prostitutas eslavas.
2.Mónica : 38 años pero aparenta cincuenta. Casada con un cantante de orquesta, es con casi toda seguridad cornuda . Desea, a toda costa, quedarse embarazada de ese hombre que tanto la respeta (apenas la toca). Se las de entendida en literatura porque lee mucho, pero sus lecturas no van más allá de los libros que compra en el Carrefour.
3.Esteban: 48 años. Comunista. Fiel a su añorados tiempos de hippy, lleva los mismos vaqueros de lunes a viernes, tararea canciones de flores, amor y mariposas y se desplaza a bordo de un cochambroso escarabajo amarillo. Separado de una inglesa, tiene un hijo que no habla ni papa de español.
4.Juan Luis (el jefe): 42 años y un largo recorrido como pijo prematuro. Casado con una azafata de familia burguesa, odia que le recuerden los orígenes labriegos de su olvidada familia. Fiel a su impostura, está orgulloso de su melenita jerezana empapada en gomina, se declara fanático de los polos de marca, las camisas hechas a medida y las chaquetas Príncipe de Gales. Colecciona relojes y los sábados juega al golf (llueva o no llueva).

POR FAVOR, NO ME LO DIGAS:

Una mirada enfadada, de soslayo, mientras preparaba la cena, presagiaba lo que ocurriría más tarde en la mesa. La materialización de sus temores más íntimos; de ese miedo a que, mirándolo, ella le dijera: “he dejado de quererte”.

lunes 6 de julio de 2009

CON MALENA

Desde que me había abandonado mi última novia hasta la aparición de Malena, mis días transcurrieron en medio de un hastío desbordado, apenas combatido a base de paseos febriles, deseosas lecturas para vivir a través de la empatía con personajes ficticios ideados por otros y un aletargamiento de los sentidos que temía terminara convirtiéndome en un ser inanimado. Nada me satisfacía, mi tiempo pasaba gris y pesado, arrollándome sin piedad con su nada esencial y la mortandad de sus minutos estériles. Sin estímulo alguno, todo me cansaba y apenas lograba sobrevivir gracias a un poso de esperanza que constituía toda mi reserva vital. En él brillaba, con apagado fulgor, la trémula certeza de que, en algún lugar, alguien estaba hecho para mí y su mera aparición en mi presente bastaría para insuflarme de vida. Esto, y sólo esto, era lo que me hacía levantar cada mañana. Por eso, cuando mi amigo Kalman me presentó a Malena, la reconocí de inmediato. Supe al instante que ella era la elegida, la esperada y la ansiada, y que todas las mujeres anteriormente conocidas no eran más que frustradas experiencias, meros espectros que apenas iluminaron fugazmente mis oscuros y tortuosos caminos hasta encontrarla. Comprendí que mis súplicas no formuladas sino interiorizadas, habían encontrado eco en alguna parte…allá donde el azar se moldea para definir nuestros destinos o donde nuestros sueños presentan sus solicitudes de veracidad. Pero no quiero seguir recreándome en cuestiones metafísicas ahora que la tengo durmiendo a mi lado, disfrutando de la visión de su piel morena con brillos dorados contrastando con las sábanas de raso blanco y oliendo el cóctel de esencias, que conforman sus aromas corpóreos, y la artificialidad de su perfume habitual. Huele a mujer, a sexo compartido y a vainila. A una realidad tan palpable que me empuja, como un insecto atraído por un sugerente polen, a hundir mi cabeza entre sus cabellos, buscando su nuca con mi boca y acariciando los contornos de su figura con mis manos.

- ¿No podés dormir, querido? – pregunta sin abrir los ojos

- Disculpá – me aparté brevemente y añadí – si querés, te dejo dormir…

- Sí, pero eso después. Ahora, vení.

* http://www.youtube.com/watch?v=rov3pV9PsRI

viernes 3 de julio de 2009

NADA ES CASUAL

Mi novia me había dejado de un día para otro, comunicándome su decisión en un papel sujetado por un imán contra la puerta de la heladera: “ME VOY. Sonia”.
Como tacuarembó recién estrenado (los cumplo a finales de marzo y ella se fue en abril) tenía un lote variopinto de relaciones torcidas en el almacén de mi memoria, así que no me hice mala sangre y agarré las cosas como venían. Lo último que quería era lamentarme, ahondar en el dolor y romper las bolas a los amigos por lo que, me entregué con ahínco a buscar un olvido rápido en las profundidades del sexo. De ése modo, comencé a salir todas las noches, tirándole los perros a cuanta mina conocía y alentando a mi círculo de amistades para que me presentaran candidatas receptivas a mis encantos de macho soltero con ánimo de apareamiento indiscriminado. Los resultados no fueron tan óptimos como yo pretendía; si bien me encamé con unas cuantas, otras bastantes me esquivaron, sabedoras de qué únicamente pretendía el disfrute de sus cuerpos y en nada me interesaba cualquier otra circunstancia de sus vidas. Sin embargo, semejante dinámica duró poco porque, y en esto no tuvo nada que ver con la casualidad (que como los Reyes no existen; son los padres) conocí a Alma.

Alma Suar, era amiga de Frida, la hermana de mi colega Elías, tenía treinta y tantos, un cuerpo fibroso y llevaba con la misma elegancia unos jeans con zapatillas que un traje sastre con zapatos de tacón. Con todo, no fue su armazón lo que más me llamó la atención de ella sino sus ojos, que se movían con notoria vivacidad y observaban sin vergüenza, y su voz, dotada de un timbre que me sedujo nada más escucharla.
Cuando nos presentaron, en una fiesta en casa de Frida (que celebraba su reciente mudanza), sentí de inmediato una corriente de simpatía hacia ella. Un fenómeno que debió darse en las dos direcciones, a juzgar con la familiaridad con que me trató desde el principio.

- ¿Cuándo vas a volver a publicar algo? – me preguntó de golpe
- Bueno….estoy ultimando un nuevo libro de cuentos pero ando liadísimo con el guión del programa “Chimentos de dormitorio” y…
- No te puedo creer ¡ No me digás que sos vos el que escribe ese bodrio
- Y, sí…no sólo de leer a Borges vive el hombre
- Habiendo leído tus libros, se me hace raro saber que tenés que ver con semejantes abortos televisivos
- También acepto trabajos de publicidad y colaboro con alguna emisora de radio de vez en cuando, además de mis ocasionales artículos de prensa y otras publicaciones
- ¿Y eso no te saca mucho tiempo para vivir?
- Mirá, yo trabajo en algo que me gusta así que me siento vivo cuando escribo. Por otro lado, tengo una tendencia natural a la soledad y marco un cerco de aislamiento a mi alrededor. Supongo que se deberá a que suelen interesarme más las ideas que el género humano.
- ¿Te puedo ser sincera?
- Por favor
- No te pega hacerte el duro ni el desinteresado. En primer lugar, porque sé que te separaste no hace mucho y andás como bola sin manija, enganchándote efímeramente con otras minas para no pensar en la que te dejó. En segundo, porque vos no sabés lo que querés. Y, en tercero porque, yo, te gusto ¿o me vas a mentir y decir que no?.
- Espectacular ¡ Ahora me toca a mí: le dijiste a Frida que se hiciera la encontradiza conmigo para que nos presentara, me decís éstas cosas para demostrarme que tenés personalidad, que sos distinta e inteligente y, para terminar, mostrás un interés por mí que supone una excepción en tu comportamiento con los hombres desde que te separaste de tu marido, de lo que deduzco que yo también te gusto ¿o me lo vas a negar?

Tras este primer encuentro, tan halagüeño y sugestivo como predestinado, llegó una sucesión apresurada de acontecimientos que nos trajo a un feliz presente cuyas particularidades omito por miedo a despertar envidias. Únicamente añadiré que, cuando alguien aparece en tu vida para rescatarte, simplezas como vanagloriarse de gestas sexuales y triunfos económicos se baten en retirada, llevándose consigo recuerdos tan dolorosos como una escueta despedida en la puerta de la heladera.

martes 30 de junio de 2009

DIFFERENT

A pesar de los más de nueve metros de barra y la ausencia casi total de clientes, aquel trío de tarugos tomó posiciones al lado mío. De inmediato me llegaron sus emanaciones de Eâu de Sobac, como adelanto al encogimiento de oídos que me provocaría tanta palabrería vácua lanzada con desenfreno; desde el fichaje de Cristiano Ronaldo hasta la repetición de chistes verdes o comentarios idiotas sobre Política y Economía. Sudorosos, con barrigas abultadas y gritando como condenados, deglutían una ración mixta de lomo con bacon, tomaban cerveza chasqueando la lengua y se limpiaban la boca con el dorso de la mano. Tampoco escatimaban otros gestos y en consecuencia, se rascaban sin disimulo la entrepierna, sostenían palillos entre los dientes o hacían buches con la bebida (es que estaba muy fría, le explicó uno a los otros). Para mi desgracia, y aún reconociendo que sentía cierta fascinación enfermiza ante tanto despliegue de ordinariez, mi café con leche estaba hirviendo por lo que no me quedó mayor defensa que alejarme todo lo que pude de aquel foco de emanaciones de vulgaridad y que me hacía pensar en personajes salidos de Los Hombres de Paco o de cualquier película subvencionada donde el pantalón de chándal, los zapatos de rejilla y los bares de fritanga son decorados comunes.

- Capitán, pónganos otra ración y otras birras – clamó el que parecía más cateto de todos

El espectáculo audio-visual continuaba y no pude evitar, por contraste, acordarme de Londres. Hacía apenas venticuatro horas, yo estaba en un pub de Camden Town tomando plácidamente una pinta, contemplando la decoración del local y lanzando fugaces miradas al canalillo de una camarera que me devolvía miradas amagando sonrisas. Pero no sólo me sentía atraído por esos encantos que saltaban a la vista (los mamíferos y los arquitectónicos), sino que me seducía de un modo particular, la manera educada y formal que tienen los ingleses de atenderte, sin caer en la falsa camaradería ni el almibarado trato de camareros y comerciantes al que yo estaba acostumbrado. Por si resultara poco, afuera, los coches se detenían unánimemente ante los pasos de cebra, la gente no escupía por las calles y los edificios lucían libres de graffitis. Debido a esto, otros detalles que me reservo (por si alguien se ofende) y a filias particulares que tienen que ver con Disraeli, Chaplin, el Marqués de Pombal o Stanley Kubrick, me entraron ganas de quedarme a vivir un tiempo allí, deleitándome con largos paseos bajo la lluvia por los numerosos barrios de la ciudad, respirando el agradable olor de la tierra mojada de sus grandes parques o empapándome del arte expuesto en sus museos.

Horas después, cuando me aproximaba a la zona de embarque para volver a Madrid, comprobé que se habían formado dos colas ante el mostrador de la compañía: una oficial y otra anexa formada por los que se querían colar. Comprendí que ya casi estaba en casa y que Londres quedaba atrás, con los sorry, el trato exquisito y la flema británica. Sólo una cosa pedía para el viaje; que mi compañero de asiento fuera inglés o, en su defecto, un mudo.

martes 23 de junio de 2009

PARTY

No acostumbro a salir de noche pero, ese día, decidí hacer una excepción. Un amigo mío organizaba una pequeña fiesta en su recién estrenada vivienda; un ático con terraza donde había habilitado una enorme mesa repleta de botellas de las más diversas bebidas alcohólicas aparte de tortillas, croquetas, panchitos, gominolas y otras exquisiteces de alta cocina. Cuando yo hice mi aparición, la fiesta se encontraba en su punto álgido, con unas 20-25 personas bailando y charlando mientras la música de Lenny Kravitz sonaba sin parar, como si hubieran conectado un aparato auto-reverse con las obras completas del músico neoyorquino. Al rato de mi llegada, el anfitrión tuvo la ocurrencia de presentarme a un par de chicas, quizás temeroso de que mi misantropía saliera a flote y corriera a encerrarme en un armario o meterme bajo la cama. Una de ellas era insignificante en todos los sentidos y la otra estaba dotada de una generosa vanguardia, tenía cara de niña traviesa y una nariz que hacía sospechar una rinoplastia, dado el parecido con la Ramoncín o la de Paloma San Basilio. Para completar la descripción diré que, de espaldas, ofrecía unas curvaturas que no desmerecían la impresión que provocaba de frente, conformando un todo que podría definirse como “capicúa”.

Nada más presentarnos, obvié a la primera y fijé mi atención en la segunda, la cual respondía con interesada viveza a mis miradas y con creciente apego a mis palabras, provocándome una hemorragia de vanidad y estimulando un recurrente repertorio de ironías y brillantes sarcasmos. Por su parte, me contó que había estudiado Bellas Artes y actualmente, además de trabajar en una agencia de viajes, estaba matriculada en un curso de Reiki, otro de Quiromancia y un tercero de Tarot. “¡Qué interesante” le dije yo con falsedad y cruzando los dedos para que por favor no se le ocurriera hablarme de Jodorowsky, la curación a través del incienso u otra pelotudez del amplio catálogo esotérico.

Desgraciadamente, mis temores se cumplieron, y el nombre del taumaturgo salió a la palestra, acompañado de otros temas que fueron desde el fenómeno OVNI hasta la reencarnación, pasando por las apariciones marianas o el I Ching. Aún cuando yo era consciente de que había ligado, confirmando la hipótesis de que tontas y locas son las más fáciles, no dudé en clasificarla de inmediato como “histérica” lo cual hacía que las futuras promesas de coito si bien eran seguras, traían consigo unos efectos secundarios que se me antojaban difíciles de soportar a mi edad. No estaba, ni mucho menos, dispuesto a acudir a restaurantes de comida macrobiótica, conciertos de Aute, obras de teatro ininteligibles o a la Filmoteca para ver películas de países exóticos (todavía me escocía el recuerdo de cuando fui a ver, con otra novia que tuve, la “Semana del Cine Romántico Birmano de los ochenta”) así que me agarré con ahínco a cierta frase del siempre genial Andrés Calamaro: “Le dije a mi corazón, sin gloria pero sin pena, no cometas el crimen varón, si no vas a cumplir la condena”. Sin embargo, otra parte de mí estaba dispuesta a “venderse”, a seguir aguantando su rutina de papagayo y sus tonterías con tal de poner otra muesca en el cabecero de madera de la cama: a fin de cuentas, un polvo siempre es un polvo y para arrepentirse siempre había tiempo…Y en eso andaba cuando entró en escena un gay con más pluma que una manada de ocas a la carrera:

- ¿No me vas a presentar a tu amigo? – le preguntó a ella pero mirándome a mí como si pudiera desnudarme con los ojos

Nos presentó. “Es un placer” - dijo él. “Lo mismo digo” – mentí
A partir de ese momento, la conversación decayó. Por una parte, cada vez sentía menos ganas de liarme con ella. Por otra, las miradas del plumífero me incomodaban y yo no tenía pensado ampliar el círculo de mis amistades así que, aprovechando que estaban concentrados contemplando la luna llena y hablando de buenas y malas energías, atravesé la terraza, después la casa y cerré la puerta por fuera.